La responsabilidad civil en los accidentes de circulación

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Los accidentes de circulación son una de las principales causas de muerte y lesiones a nivel mundial. Una auténtica lacra que, además, también genera responsabilidades jurídicas, como analizaremos en el siguiente artículo.

¿De quién es la responsabilidad?

En primer lugar, tenemos que señalar que el Texto Refundido de la Ley sobre Responsabilidad Civil y Seguro en la Circulación de Vehículos a Motor establece un doble régimen de imputación de la responsabilidad. Es decir, se distinguen los siguientes tipos de daños producidos en accidentes, que tendrán un régimen diferenciado de responsabilidad:

  • Daños personales, es decir, aquellos que son sufridos por las personas. En este caso, el conductor que ha causado el accidente será responsable, con las únicas excepciones de que los daños hayan sido culpa exclusiva de la otra parte y, en segundo lugar, que hayan sucedido debido a fuerza mayor extraña o al funcionamiento del propio vehículo. En estos casos, el conductor mantendrá una responsabilidad de riesgo, pudiéndose librar tan solo de ella demostrando que han existido alguna de las excepciones citadas.
  • Daños materiales, es decir, los que sufren los bienes. En estos casos, el conductor del vehículo será responsable cuando lo sea civilmente de acuerdo con el Código Civil (arts. 1902 y ss.) y lo dispuesto en la Ley. En estos casos, en cambio, deberá ser el perjudicado el que demuestre que los daños han sido causados por la culpa o la negligencia del contrario.

¿Cómo se valoran los daños?

Es la propia Ley sobre Responsabilidad Civil y Seguro en la Circulación de Vehículos a Motor la que (además de recoger la obligatoriedad de poseer un seguro de responsabilidad civil para poder circular por las vías públicas) recoge un sistema para la valoración de los daños en las personas, es decir, para determinar las indemnizaciones que podrían corresponder en estos casos.

El sistema se denomina «sistema para la valoración de los daños y perjuicios causados a las personas en accidentes de circulación». Puede consultarlo a través del siguiente enlace.

Se trata de unos cuadros de importes fijados en función del hecho que produce la indemnización, según unas circunstancias y dentro de un margen, presentando límites máximos y mínimos a cada concepto., es decir, un baremo. De los importes que tuviera que abonar el poseedor del vehículo de motor se haría cargo el seguro de responsabilidad civil obligatorio.

Para que el conductor sea responsable, se tendrán que cumplir los presupuestos generales del principio de responsabilidad. Es decir, que se haya llevado a cabo una acción o una omisión que sale fuera de las normas de cautela y previsión, que se haya producido un resultado dañoso que cumpla los requisitos de concreción, determinación y posibilidad de ser valuable económicamente, y, finalmente, que exista una relación causa efecto entre el comportamiento y el resultado.

¿Cuándo puede no existir esta responsabilidad? 

Existen dos excepciones a esa responsabilidad en los accidentes. En primer lugar, cuando se produce una colisión entre dos o más vehículos y de la misma no se pueda acreditar con suficiencia quién ha sido responsable. Por lo tanto, no se puede presumir quién posee dicha culpabilidad. Ahora bien, esta excepción no será tal si existen pruebas fiables de la culpabilidad de alguno de los conductores implicados en el accidente.

En segundo lugar, tampoco existirá responsabilidad cuando la víctima haya sido negligente, es decir, que sea culpa suya absoluta el accidente originado, sin que el contrario haya tenido culpabilidad alguna, es más, habiendo actuado éste con la máxima diligencia posible según las circunstancias del hecho. Ahora bien, si existe concurrencia de culpas (el perjudicado ha sido negligente, pero el conductor tampoco ha actuado con la diligencia debida) no se podrá reducir la indemnización que corresponda en más de un 75%.

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